lunes, 3 de diciembre de 2012

ADICTOS A INTERNET

Un estudio, realizado por tres psiquiatras de Madrid y uno de Barcelona, revela que el 30% de los internautas que respondieron a su encuesta están en riesgo de dependencia y que el 8,8% sufre los síntomas de un uso problemático de alguno de los servicios de Internet. 'Son unos datos preocupantes, que coinciden con otros estudios, pero hay que tratarlos con mesura: las personas que contestaron a los cuestionarios son usuarios medios-altos de la Red', aseguran Alberto Fernández Liria y Lourdes Estévez.
Entre julio y septiembre, estos psiquiatras procesaron miles de respuestas a los tres test colgados en la página web adictosainternet.com. Tras una criba inicial, acaban de reunir esta semana las primeras conclusiones significativas sobre una muestra de 2.572 casos. 'La adicción es mayor de la que se pensaba', dice la doctora Estévez con los gráficos en la mano. 'No es que Internet, en sí, la genere. Toda conducta adictiva se calma con lo que está al alcance, por eso muchas de las tendencias tienden a solaparse entre ellas', afirma Fernández Liria. 'Pensamos que la mayoría de ese 8,8% acumula otras adicciones y sufre algún trastorno de la personalidad'.
Enrique Echeburua, catedrático de Psicología Clínica en la Universidad del País Vasco, asegura que es imprescindible diferenciar los adictos en la Red de los adictos a Internet. 'Hay compradores compulsivos, ludópatas y enganchados al sexo que han hallado en la Red un camino para calmar sus ansias, pero no son parte de los adictos a Internet'.
La doctora Kimberley Young, de la Universidad norteamericana de Pittsburg, es una de la pioneras en el estudio de la dependencia a Internet. Según sus conclusiones, entre el 5% y el 10% de los cibernautas estadounidenses padecen adicción a la Red. 'Estos datos no son extrapolables a España', dice Echeburua, 'pues aquí la penetración de Internet es menor. Nos faltan casos concretos en las consultas para que se pueda definir la verdadera dimensión de esta dependencia'.
Jesús de la Gándara, psiquiatra del hospital Divino Vallés de Burgos, sostiene que la dependencia patológica a la Red 'será un problema grave en el futuro y que ya afecta a los más jóvenes'. La doctora Ángeles González, de la unidad de psiquiatría del hospital de Bellvitge, en Barcelona, y que desde 1986 trata los casos de ludopatía, considera que la diferencia esencial entre el juego -que está mal visto en la sociedad-, y la Red, es que ésta 'cuenta con un enorme prestigio' por el supuesto nivel económico, educacional y de conocimiento en las nuevas tecnologías de sus usuarios. 'La gente no es consciente de su dependencia y se resiste a venir'. De los 350 casos tratados en el año 2001 en Bellvitge, tres o cuatro han sido por adicción a la Red. 'Existe una muestra escasa como para sacar conclusiones médicas', añade. La doctora González también destaca el hecho de que los adictos a la Red tienen además otras dependencias, y ciertos trastornos en el comportamiento, aunque existen excepciones. 'Tuvimos un caso de una chica, de veintipocos años, universitaria y sin problemas psíquicos aparentes. Comenzó a hacer un uso enfermizo de los chat, abandonó sus relaciones con los amigos, comenzó a perder sueño por las noches y dejó de acudir a la facultad por las mañanas. Fue ella quien nos pidió ayuda y en pocas sesiones mejoró. El caso se produce cuando esa conducta es el reflejo de un desequilibrio; lo que hay que tratar es la causa, no sólo el efecto'. Fernández Liria es de la misma opinión: 'El enfermo se encuentra feliz; ha abierto una puerta y no es consciente de su adicción. Son las familias las que dan el primer paso'.
'Sucedió lo mismo con el juego, en 1986', dice la doctora González, 'y creo que ésta va a ser la pauta en Internet en el futuro'. El catedrático Echeburua recuerda a dos pacientes que habían incorporado a su patología un tic nervioso: un tamborileo de los dedos, como si teclearan un ordenador.
Personas solitarias, aisladas, de baja autoestima, con dificultades para establecer relaciones, ansiosas, que esquivan el riesgo y que necesitan una recompensa inmediata. Éste es le perfil psicológico de los que se quedan enganchados al chat (conversación), el servicio más adictivo junto a los juegos interactivos. Afecta, sobre todo, a los jóvenes con estudios, urbanos y con conocimientos de inglés.
Los juegos en la Red
En una macrosala de Internet de la Gran Vía de Madrid se hacinan decenas de jóvenes frente a las pantallas del ordenador. Algunos llevan cascos en los oídos y se comunican con uno o varios interlocutores que están al lado o en otra ciudad. Todos juegan en red alQuake o al Conter Strike. 'Es como el escondite de hace años, pero armados hasta los dientes', dice Fernando García, experto del Ciberp@ís en las nuevas tecnologías. 'Entre semana vienen jóvenes a jugar; los fines de semana aparecen algunos para chatear, pero no muchos.', apunta el empleado del centro. 'Es que el chat es algo personal que se hace en casa, en soledad', puntualiza García. Existen fiestas, la de Valencia en verano, por ejemplo, que son concentraciones de cientos de cibernautas que viajan con el PC completo a cuestas; se instalan y duermen allí bajo una carpa para poder jugar sin parar durante cinco o seis días.
Los psiquiatras Fernández Liria y Estévez aseguran que este tipo de juegos son una parte del problema de dependencia entre los jóvenes entre los 18 y 25 años, pero no el principal. 'En cambio, el juego de apuestas no está muy extendido en España, tal vez porque es legal, pero sí se trata de un problema en EE UU, donde está prohibido en muchos Estados'. Existen casinos en Internet donde la gente se deja el dinero a través de las tarjetas de crédito sin salir de casa.
En las habitaciones virtuales de charla, algunos usuarios agazapados en el anonimato de un apodo hallan un espacio para quebrar la soledad. 'El chateo es un sistema de comunicación válido, una herramienta que se puede añadir a las existentes, pero resulta problemática cuando destroza otras formas de comunicación', dice la doctora Estévez.
Ése el caso del chateador que lo utiliza como único vehículo para mostrar la personalidad oculta que tiene o desea tener, expresar lo que siente y no comunica verbalmente, o para multiplicarse en diversos actores. Y a través de ese chat penetra en un mundo de realidades paralelas que colman sus necesidades sin peligro alguno.
'Los chateadores que rompen la barrera del anonimato y se citan para conocerse abren nuevas vías de comunicación social, y eso es positivo', dice Estévez. Hay un caso en Granada, donde se reunieron 300, u otros que viajan de chateador en chateadordurante las vacaciones. Pero no son la mayoría. Echeburua habla del efecto contrario: de la persona que va alejándose de un mundo real, en el que antes se relacionaba, para encerrarse en otro virtual, donde no padece el miedo a defraudar al otro y en el que la respuesta a sus demandas de satisfacción resulta inmediata.
El doctor De la Gándara asegura que es 'la virtualidad televisiva la que se convierte en tangible en Internet. No le digas a un chateador que su mundo de relaciones es falso, no lo va a aceptar, pues él percibe el chat como algo real en donde puede estar'.

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